jueves, 25 de septiembre de 2014

CUENTO

 La Sirenita 

En el fondo del más azul de los océanos había un maravilloso palacio en el cual habitaba el Rey del Mar, un viejo y sabio tritón que tenía una abundante barba blanca. Vivía en esta espléndida mansión de coral multicolor y de conchas preciosas, junto a sus hijas, cinco bellísimas sirenas.
La Sirenita, la más joven, además de ser la más bella poseía una voz maravillosa; cuando cantaba acompañándose con el arpa, los peces acudían de todas partes para escucharla, las conchas se abrían, mostrando sus perlas, y las medusas al oírla dejaban de flotar.
 La pequeña sirena casi siempre estaba cantando, y cada vez que lo hacía levantaba la vista buscando la débil luz del sol, que a duras penas se filtraba a través de las aguas profundas.
 -¡Oh! ¡Cuánto me gustaría salir a la superficie para ver por fin el cielo que todos dicen que es tan bonito, y escuchar la voz de los hombres y oler el perfume de las flores!
 -Todavía eres demasiado joven -respondió la abuela-. Dentro de unos años, cuando tengas quince, el rey te dará permiso para subir a la superficie, como a tus hermanas.
 La Sirenita soñaba con el mundo de los hombres, el cual conocía a través de los relatos de sus hermanas, a quienes interrogaba durante horas para satisfacer su inagotable curiosidad cada vez que volvían de la superficie. En este tiempo, mientras esperaba salir a la superficie para conocer el universo ignorado, se ocupaba de su maravilloso jardín adornado con flores marítimas. Los caballitos de mar le hacían compañía y los delfines se le acercaban para jugar con ella; únicamente las estrellas de mar, quisquillosas, no respondían a su llamada.
 Por fin llegó el cumpleaños tan esperado y, durante toda la noche precedente, no consiguió dormir. A la mañana siguiente el padre la llamó y, al acariciarle sus largos y rubios cabellos, vio esculpida en su hombro una hermosísima flor.
 -¡Bien, ya puedes salir a respirar el aire y ver el cielo! ¡Pero recuerda que el mundo de arriba no es el nuestro, sólo podemos admirarlo! Somos hijos del mar y no tenemos alma como los hombres. Sé prudente y no te acerques a ellos. ¡Sólo te traerían desgracias!
 Apenas su padre terminó de hablar, La Sirenita le di un beso y se dirigió hacia la superficie, deslizándose ligera. Se sentía tan veloz que ni siquiera los peces conseguían alcanzarla. De repente emergió del agua. ¡Qué fascinante! Veía por primera vez el cielo azul y las primeras estrellas centelleantes al anochecer. El sol, que ya se había puesto en el horizonte, había dejado sobre las olas un reflejo dorado que se diluía lentamente. Las gaviotas revoloteaban por encima de La Sirenita y dejaban oír sus alegres graznidos de bienvenida.
 -¡Qué hermoso es todo! -exclamó feliz, dando palmadas.
 Pero su asombro y admiración aumentaron todavía: una nave se acercaba despacio al escollo donde estaba La Sirenita. Los marinos echaron el ancla, y la nave, así amarrada, se balanceó sobre la superficie del mar en calma. La Sirenita escuchaba sus voces y comentarios. “¡Cómo me gustaría hablar con ellos!", pensó. Pero al decirlo, miró su larga cola cimbreante, que tenía en lugar de piernas, y se sintió acongojada: “¡Jamás seré como ellos!”
 A bordo parecía que todos estuviesen poseídos por una extraña animación y, al cabo de poco, la noche se llenó de vítores: “¡Viva nuestro capitán! ¡Vivan sus veinte años!” La pequeña sirena, atónita y extasiada, había descubierto mientras tanto al joven al que iba dirigido todo aquel alborozo. Alto, moreno, de porte real, sonreía feliz. La Sirenita no podía dejar de mirarlo y una extraña sensación de alegría y sufrimiento al mismo tiempo, que nunca había sentido con anterioridad, le oprimió el corazón.
 La fiesta seguía a bordo, pero el mar se encrespaba cada vez más. La Sirenita se dio cuenta en seguida del peligro que corrían aquellos hombres: un viento helado y repentino agitó las olas, el cielo entintado de negro se desgarró con relámpagos amenazantes y una terrible borrasca sorprendió a la nave desprevenida.
 -¡Cuidado! ¡El mar...! -en vano la Sirenita gritó y gritó.
 Pero sus gritos, silenciados por el rumor del viento, no fueron oídos, y las olas, cada vez más altas, sacudieron con fuerza la nave. Después, bajo los gritos desesperados de los marineros, la arboladura y las velas se abatieron sobre cubierta, y con un siniestro fragor el barco se hundió. La Sirenita, que momentos antes había visto cómo el joven capitán caía al mar, se puso a nadar para socorrerlo. Lo buscó inútilmente durante mucho rato entre las olas gigantescas. Había casi renunciado, cuando de improviso, milagrosamente, lo vio sobre la cresta blanca de una ola cercana y, de golpe, lo tuvo en sus brazos.
 El joven estaba inconsciente, mientras la Sirenita, nadando con todas sus fuerzas, lo sostenía para rescatarlo de una muerte segura. Lo sostuvo hasta que la tempestad amainó. Al alba, que despuntaba sobre un mar todavía lívido, la Sirenita se sintió feliz al acercarse a tierra y poder depositar el cuerpo del joven sobre la arena de la playa. Al no poder andar, permaneció mucho tiempo a su lado con la cola lamiendo el agua, frotando las manos del joven y dándole calor con su cuerpo.
 Hasta que un murmullo de voces que se aproximaban la obligaron a buscar refugio en el mar.
 -¡Corran! ¡Corran! -gritaba una dama de forma atolondrada- ¡Hay un hombre en la playa! ¡Está vivo! ¡Pobrecito...! ¡Ha sido la tormenta...! ¡Llevémoslo al castillo! ¡No! ¡No! Es mejor pedir ayuda...
 La primera cosa que vio el joven al recobrar el conocimiento, fue el hermoso semblante de la más joven de las tres damas.
 -¡Gracias por haberme salvado! -le susurró a la bella desconocida.
 La Sirenita, desde el agua, vio que el hombre al que había salvado se dirigía hacia el castillo, ignorante de que fuese ella, y no la otra, quien lo había salvado.
 Pausadamente nadó hacia el mar abierto; sabía que, en aquella playa, detrás suyo, había dejado algo de lo que nunca hubiera querido separarse. ¡Oh! ¡Qué maravillosas habían sido las horas transcurridas durante la tormenta teniendo al joven entre sus brazos!
 Cuando llegó a la mansión paterna, la Sirenita empezó su relato, pero de pronto sintió un nudo en la garganta y, echándose a llorar, se refugió en su habitación. Días y más días permaneció encerrada sin querer ver a nadie, rehusando incluso hasta los alimentos. Sabía que su amor por el joven capitán era un amor sin esperanza, porque ella, la Sirenita, nunca podría casarse con un hombre.

Sólo la Hechicera de los Abismos podía socorrerla. Pero, ¿a qué precio? A pesar de todo decidió consultarla.
 -¡...por consiguiente, quieres deshacerte de tu cola de pez! Y supongo que querrás dos piernas. ¡De acuerdo! Pero deberás sufrir atrozmente y, cada vez que pongas los pies en el suelo sentirás un terrible dolor.
 -¡No me importa -respondió la Sirenita con lágrimas en los ojos- a condición de que pueda volver con él!
 ¡No he terminado todavía! -dijo la vieja-. ¡Deberás darme tu hermosa voz y te quedarás muda para siempre! Pero recuerda: si el hombre que amas se casa con otra, tu cuerpo desaparecerá en el agua como la espuma de una ola.
 -¡Acepto! -dijo por último la Sirenita y, sin dudar un instante, le pidió el frasco que contenía la poción prodigiosa. Se dirigió a la playa y, en las proximidades de su mansión, emergió a la superficie; se arrastró a duras penas por la orilla y se bebió la pócima de la hechicera.
 Inmediatamente, un fuerte dolor le hizo perder el conocimiento y cuando volvió en sí, vio a su lado, como entre brumas, aquel semblante tan querido son riéndole. El príncipe allí la encontró y, recordando que también él fue un náufrago, cubrió tierna mente con su capa aquel cuerpo que el mar había traído.
 -No temas -le dijo de repente-. Estás a salvo. ¿De dónde vienes? 
Pero la Sirenita, a la que la bruja dejó muda, no pudo responderle.
 -Te llevaré al castillo y te curaré.
 Durante los días siguientes, para la Sirenita empezó una nueva vida: llevaba maravillosos vestidos y acompañaba al príncipe en sus paseos. Una noche fue invitada al baile que daba la corte, pero tal y como había predicho la bruja, cada paso, cada movimiento de las piernas le producía atroces dolores como premio de poder vivir junto a su amado. Aunque no pudiese responder con palabras a las atenciones del príncipe, éste le tenía afecto y la colmaba de gentilezas. Sin embargo, el joven tenía en su corazón a la desconocida dama que había visto cuando fue rescatado después del naufragio.
 Desde entonces no la había visto más porque, después de ser salvado, la desconocida dama tuvo que partir de inmediato a su país. Cuando estaba con la Sirenita, el príncipe le profesaba a ésta un sincero afecto, pero no desaparecía la otra de su pensamiento. Y la pequeña sirena, que se daba cuenta de que no era ella la predilecta del joven, sufría aún más. Por las noches, la Sirenita dejaba a escondidas el castillo para ir a llorar junto a la playa.
 Pero el destino le reservaba otra sorpresa. Un día, desde lo alto del torreón del castillo, fue avistada una gran nave que se acercaba al puerto, y el príncipe decidió ir a recibirla acompañado de la Sirenita.
 La desconocida que el príncipe llevaba en el corazón bajó del barco y, al verla, el joven corrió feliz a su encuentro. La Sirenita, petrificada, sintió un agudo dolor en el corazón. En aquel momento supo que perdería a su príncipe para siempre. La desconocida dama fue pedida en matrimonio por el príncipe enamorado, y la dama lo aceptó con agrado, puesto que ella también estaba enamorada. Al cabo de unos días de celebrarse la boda, los esposos fueron invitados a hacer un viaje por mar en la gran nave que estaba amarrada todavía en el puerto. La Sirenita también subió a bordo con ellos, y el viaje dio comienzo.
 Al caer la noche, la Sirenita, angustiada por haber perdido para siempre a su amado, subió a cubierta. Recordando la profecía de la hechicera, estaba dispuesta a sacrificar su vida y a desaparecer en el mar. Procedente del mar, escuchó la llamada de sus hermanas:
 -¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¡Mira! ¿Ves este puñal? Es un puñal mágico que hemos obtenido de la bruja a cambio de nuestros cabellos. ¡Tómalo y, antes de que amanezca, mata al príncipe! Si lo haces, podrás volver a ser una sirenita como antes y olvidarás todas tus penas.
 Como en un sueño, la Sirenita, sujetando el puñal, se dirigió hacia el camarote de los esposos. Mas cuando vio el semblante del príncipe durmiendo, le dio un beso furtivo y subió de nuevo a cubierta. Cuando ya amanecía, arrojó el arma al mar, dirigió una última mirada al mundo que dejaba y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma.
 Cuando el sol despuntaba en el horizonte, lanzó un rayo amarillento sobre el mar y, la Sirenita, desde las aguas heladas, se volvió para ver la luz por última vez. Pero de improviso, como por encanto, una fuerza misteriosa la arrancó del agua y la transportó hacia lo más alto del cielo. Las nubes se teñían de rosa y el mar rugía con la primera brisa de la mañana, cuando la pequeña sirena oyó cuchichear en medio de un sonido de campanillas:
 -¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Ven con nosotras!
 -¿Quiénes son? -murmuró la muchacha, dándose cuenta de que había recobrado la voz-. ¿Dónde están?
 -Estás con nosotras en el cielo. Somos las hadas del viento. No tenemos alma como los hombres, pero es nuestro deber ayudar a quienes hayan demostrado buena voluntad hacia ellos.
 La Sirenita, conmovida, miró hacia abajo, hacia el mar en el que navegaba el barco del príncipe, y notó que los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras las hadas le susurraban:
 -¡Fíjate! Las flores de la tierra esperan que nuestras lágrimas se transformen en rocío de la mañana. ¡Ven con nosotras! Volemos hacia los países cálidos, donde el aire mata a los hombres, para llevar ahí un viento fresco. Por donde pasemos llevaremos socorros y consuelos, y cuando hayamos hecho el bien durante trescientos años, recibiremos un alma inmortal y podremos participar de la eterna felicidad de los hombres -le decían.
 -¡Tú has hecho con tu corazón los mismos esfuerzos que nosotras, has sufrido y salido victoriosa de tus pruebas y te has elevado hasta el mundo de los espíritus del aire, donde no depende más que de ti conquistar un alma inmortal por tus buenas acciones! -le dijeron.
 Y la Sirenita, levantando los brazos al cielo, lloró por primera vez.
 Oyéndose de nuevo en el buque los cantos de alegría: vio al Príncipe y a su linda esposa mirar con melancolía la espuma juguetona de las olas. La Sirenita, en estado invisible, abrazó a la esposa del Príncipe, envió una sonrisa al esposo, y en seguida subió con las demás hijas del viento envuelta en una nube color de rosa que se elevó hasta el cielo.


The Little Mermaid


In the bottom of the bluest of oceans had a wonderful palace in which lived the Sea King, a wise old triton had a thick white beard. He lived in this splendid mansion and beautiful multicolored coral shells along their daughters five beautiful sirens. 
The Little Mermaid, the youngest, besides being the most beautiful he had a wonderful voice; when he sang accompanying himself on the harp, the fish came from all over to hear the shells opened, showing their pearls, and jellyfish floating at the sound stopped. 
  The Little Mermaid was almost always singing, and every time he did look up looking weak sunlight that barely seeping through the deep water. 
  Oh!How I wish to come to the surface to finally see the sky that everyone says is so pretty, and hear the voice of men and smell the flowers! 
  -Still're too young, 'said the grandmother. Within a few years, when you're fifteen, the king will give you permission to come to the surface, like your sisters. 
  The Little Mermaid dreamed of the world of men, who knew through the stories of her sisters, who interrogated for hours to satisfy their insatiable curiosity ever returning to the surface. At this time, waiting to surface for the unknown universe took care of her wonderful sea garden decorated with flowers. Seahorses him company and dolphins approached her to play with her; only starfish, fussy, did not respond to his call. 
  Finally came the long awaited birthday and throughout the preceding night, could not sleep. The next morning the father called and, stroking his long, blond hair, he saw carved on his shoulder a beautiful flower. 
  'Well, now you can go out and breathe the air and see the sky!But remember that the world above is not ours, we can only admire! We are children of the sea and have no soul as men. Be careful and do not go near them.Only you would bring disgrace! 
  Just his father finished speaking, The Little Mermaid kissed and headed for the surface, gliding lightly. It felt so fast that even the fish managed to reach it. Suddenly he emerged from the water.How fascinating! First saw the blue sky and the first stars twinkling at dusk. The sun, which had set on the horizon, the waves had left a golden reflection that was diluted slowly. The gulls wheeled above the Little Mermaid and drowned out their joyful cries of welcome. 
  How beautiful is it! cried happy slapping. 
  But his astonishment and admiration grew still: a ship slowly approached the obstacle which was The Little Mermaid. The sailors dropped anchor and the ship and moored, rocked on the surface of the calm sea. The Little Mermaid hear their voices and opinions. "How I would like to talk to them," thought But to speak, looked at his long supple tail, which had instead of legs, and he was heartbroken. "I will never be like them!" 
  Onboard were everyone seemed possessed by a strange animation and after a little, the night was filled with cheers: "Long live our master!Live your twenties! "The Little Mermaid, stunned and ecstatic, meanwhile had discovered the young man who was addressed everyone joy. Tall, dark, royal demeanor, smiling happily. The Little Mermaid could not stop looking at it and a strange sense of joy and suffering at the same time, I had never felt before, squeezed her heart. 
  The party continued on board, but the sea curling increasingly. The Little Mermaid soon realized the danger to the men, an ice cream and sudden wind whipped the waves, the ink black sky was torn with threatening lightning and a terrible storm surprised the unsuspecting ship. 
  I Look out!The sea ...! The Little Mermaid-in vain screamed and screamed. 
  But his screams silenced by the sound of the wind, were not heard, and the waves, ever higher, jerked the ship. Then, under the desperate cries of the sailors, the rigging and the sails fell upon deck, and a heat loss, the ship sank. The Little Mermaid, which moments before had seen the young captain fell into the sea, swam to his aid. He searched vainly for a long time among the giant waves. He had almost given up, when suddenly, miraculously, I saw this on the white crest of a nearby wave and suddenly, I was in his arms. 
  The boy was unconscious while the mermaid, swimming with all his strength, held him to rescue him from certain death. He held it until the storm subsided. At dawn, it dawned on a still livid sea, the mermaid was happy to come to earth and be able to deposit the body of the young woman on the beach sand. Unable to walk, he remained a long time with him licking his tail water, rubbing hands of the young and giving your body heat. 
  Until a murmur of approaching voices forced to seek refuge in the sea. 
  -¡Corran!Run! shouted a lady so atolondrada- There's a man on the beach!He's alive!Poor thing ...!Was the storm ...!Let's take the castle!No!No! It is better to ask for help ... 
  The first thing he saw the young man regained consciousness, was the beautiful face of the youngest of the three ladies. 
  'Thanks for saving me! 'he whispered to the unknown beauty. 
  The Little Mermaid, from the water, he saw the man who had saved his way to the castle, unaware that it was she, and not the other, who had saved him. 
  Slowly he swam out to sea; I knew at that beach, behind him, he had left something I never wanted to be separated.Oh!How wonderful were the hours during the storm having the young in his arms! 
  When he arrived at his father's mansion, the Little Mermaid began his story, but suddenly felt a lump in the throat, beginning to mourn, took refuge in his room. Days and days spent locked up not wanting to see anyone, even refusing food. He knew that his love for the young captain was a hopeless love, for her, the Little Mermaid, could never marry a man. 

Only the Sorceress of the Deeps could help her. But at what price? Yet he decided to consult. 
  -¡ ... Therefore you want to get rid of your fish's tail! And I suppose you'll want two legs.Right! But you will suffer terribly, and every time you put your feet on the ground feel terrible pain. 
  I do not care the mermaid said with tears in her eyes provided you can get back with him! 
 I'm not done yet! said the old woman.You must give me your beautiful voice and you'll be dumb forever! But remember, if the man you love marries another, your body will disappear in the water like the foam of a wave. 
  -¡Acepto! said the Little Mermaid and finally, without hesitation, asked the flask containing the miraculous potion. He went to the beach and in the vicinity of his mansion, surfaced; It barely crept along the shore and the witch potion drank. 
  Immediately, a sharp pain made ​​him lose consciousness and when she came to, saw him, as the mist, that face so dear are riéndole. The prince found her and there, remembering that he too was a castaway, covered with his cloak young mind that body which had brought the sea. 
  No, 'he said suddenly issues. You're safe. Where do you come from? 
But the Little Mermaid, which the witch left her speechless, could not answer. 
  I'll take the castle and you will heal. 
  During the following days, the mermaid started a new life, wearing wonderful dresses and accompanied the Prince on his walks. One night he was invited to the ball given the court, but as the witch had foretold, every step, every movement of the legs caused him excruciating pain as a reward for being able to live with her beloved. Although he could not respond in words to the attentions of the prince, he liked him and showered her with kindness. However, the young man had in his heart to the unknown lady he had seen when he was rescued after the sinking. 
  Since then I had not seen that, after being saved, the unknown lady had to leave the country immediately. When I was with the Little Mermaid, Prince professed a sincere affection to it, but the other did not disappear from his thoughts. And the little mermaid, who realized that she was not the favorite of the young, suffered even more. At night, the Little Mermaid secretly left the castle to go to mourn beachside. 
  But fate reserved another surprise. One day, from atop the tower of the castle, was sighted a large ship approaching the harbor, and decided to go to meet her prince accompanied by the Little Mermaid. 
  The Unknown Prince had in his heart off the boat and saw her, the boy ran to meet him happy. The Little Mermaid, petrified, felt a sharp pain in the heart. At that moment he knew he would lose her prince forever. The unknown lady was asked in marriage by the enamored prince and the lady gladly accepted, since she was in love. After a few days of the conclusion of the wedding, the couple were invited to make a sea voyage in the great ship was still moored in the harbor. The Little Mermaid also came on board with them, and the journey began. 
  By nightfall, the Little Mermaid, distraught over losing her beloved forever, he went on deck. Remembering the prophecy of the witch, she was willing to sacrifice his life and disappear into the sea. From the sea, heard the call of his sisters: 
  -¡Sirenita!Little Mermaid!It is we, your sisters!Look! You see this knife? It is a magical dagger that we obtained Witch in exchange for our hair.Take it and, before dawn, kill the prince! If you do, you'll be able to be a mermaid as before and forget all your sorrows. 
  As in a dream, the Little Mermaid, holding the knife, walked into the cabin of the spouses. But when I saw the face of the sleeping prince, gave him a furtive kiss and climbed back on deck. Early in the morning, threw the gun into the sea, he took one last look at the world left and dived into the waves, ready to disappear and become foam. 
  When the sun rose on the horizon, threw a yellow lightning over the sea and the Little Mermaid, from the icy waters, he turned to see the light for the last time. But suddenly, as if by magic, a mysterious force tore the water and transported to the top of the sky. The clouds were tinged with pink and sea roared with the first breeze of the morning, when the little mermaid heard a whisper amid chime: 
  -¡Sirenita!Little Mermaid!Come with us! 
  Who are they? murmured the girl, realizing that he had recovered his voice. Where are they? 
  You're with us in heaven. We are the fairy wind. We have no soul as men, but it is our duty to help those who have demonstrated good will toward them. 
  The Little Mermaid, touched, looked down to the sea in which the ship sailed the prince, and noticed that his eyes filled with tears as he whispered the tale: 
  -¡Fíjate! The flowers of the earth expect our tears turn into morning dew.Come with us! Let's fly to the warm countries, where air kills men, to bring a fresh wind there. Wherever we go take relief and consolation, and when we have done good for three hundred years, we receive an immortal soul and can participate in the eternal happiness of mankind 'I said. 
  'Your've done with your heart the same efforts that we, have suffered and come out victorious of your tests and you've risen to the world of the spirits of the air, which depends only on you to win an immortal soul for your good deeds ! they told him. 
  And the Little Mermaid, raising his arms to heaven, cried for the first time. 
  Be heard again in the ship songs of joy saw the Prince and his lovely wife look wistfully playful foam of the waves. The Little Mermaid, in invisible state, the wife embraced Prince sent a smile to her husband, and then went with the other daughters of the wind wrapped in a pink colored cloud that rose into the sky.



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